sábado, 13 de diciembre de 2008


Los cruzados mágicos


Por petición de Paco os dejamos el popurrit de la célebre chirigota de 1982 "Los cruzados mágicos", primer premio indiscutible y chirigota que ha pasado a la historia como un antes y un después en esta modalidad del concurso.

El popurrit nos cuenta la historia de Romualdo y su hijo en la playa de una forma magistral y hay que decir aqui para aquellos que no lo sepan que está basado en un hecho real ocurrido a un componente de esta agrupación, fallecido recientemente, llamado también Romualdo y a su hijo. Cuenta el Diario de Cádiz al día siguinte de su fallecimiento el 4 de febrero de 2007: "Romualdo Pérez Pavón, uno de los históricos componentes de la chirigota 'Los cruzados mágicos', falleció en la madrugada de ayer y este lunes, a las once y media de la mañana, se celebra una Eucaristía por su alma en el tanatorio Virgen del Rosario y su posterior traslado al cementerio de Puerto Real.
Romualdo, como se le conocía en los ambientes carnavalescos, había nacido hace 58 años en el barrio de Santa María, y salió por vez primera en una agrupación con 'Los aprendices de pintores', de la que también formó parte el reconocido cantaor Juan Villar.

Tras cantar en la comparsa 'Los brujos', de Agustín González, 3º premio de la modalidad en 1970, su amistad con Paco Rosado, con el que trabajaba en Astilleros, de donde más tarde salió por un accidente laboral, le llevó a formar parte hace ahora 25 años de la chirigota 'Los cruzados mágicos', que marcó toda una época, y cuyo célebre popurrí protagonizó Romualdo y fue su hijo Juan Manuel el que se perdió verdaremante en la playa.
Romualdo siguió con el grupo hasta su última chirigota, 'Los conquistadores de la trastienda de Casa Crespo' (1988). De carácter afable, era aficionado a la pesca y mantenía su pasión por el Carnaval, siendo socio de la peña El Molondro. A todo ello unía su devoción por el Nazareno de Santa María y el especial cariño por su numerosa familia. Descanse en paz."

Mucha atención, señores, que ahora vamos a contar
la más grande cruzada que se pueda imaginar,
no crean que exagero, pues no suelo exagerar,
que todo es verdadero, ya usted lo comprobará.
La historia empieza un día, un día de calor,
que el cruzado Don Romualdo ir a la playa pensó,
se cuelga la sombrilla, la mesa, el flotador,
la nevera, doce sillas, la tortilla, el transistor
y con mucho interés le dijo a su mujer:
"Ana, coge a los niños ya.
Ana, nos vamos a bañar.
Ana, deja aquí el tanga
que el michelín se te puede descolgar".
Hubo que esperar más de una hora al autobus
y cuando llegó con sus diez hijos se montó.
Nada más subir se le cambió el color,
le entró hasta sudor,
había más gente allí que en el Japón
y cuando pagó le dio un ataque al corazón.
Maldito autobus, que ya cuestas tú,
más que el recibo de la luz.
Llegó al Hotel Playibiri,
playibiribiri, playibiribiri.
Le daba ya el fresquibiri,
fresquibiribiri, fresquibiribiri,
y al ver tantas cachibiris,
culibiris, tetibiris,
como buen satiribiri
ya se sintió mejor.
Mejor, mejor, pero Ana, que lo vio,
le dio, le dio, un cosqui, por mirón.
Qué linda alfrombra de oro y azul,
qué dioses viven en tu mar,
que cada cresta de tus olas
trae un piropo en un cantar.
Podría ser la mejor del sur
si se pudiera disponer
de un cuarto metro de tu arena
sin broza, mierda y peste a pies.
Y se fue a pasear, Romualdo,
por la orillita del mar descalzo.
Le dio un pisotón a un casco de cristal,
y con el gollete se cortó el juanete.
Se pringó tó de alquitrán, Romualdo,
con las piedras se escoñaba andando.
Con una colilla se quemó el talón
y con un rastrillo se dobló el tobillo.
Ahh, Iván, Iván, Iván, Iván, Iván.
Se le ha perdido ahora su hijo Iván,
lo que faltaba ya.
No está bañándose, no lo ven sus hermanos,
ni la mare que lo parió.
Romualdo el pobre estaba histérico,
llamando al niño, medio afónico.
¡ojú, qué sofocón!
Fue tan fatídica la búsqueda
que se le rebeló la úlcera.
¡Qué mal rato pasó!
La niña del altavoz, la una,
qué guasa tiene en la voz, las dos,
Con el viento y la torrot,
las pelotas y el reloj,
vaya coñazo le dió:
"En nuestro locutorio tenemos un pequeño.
Dice llamarse Iván
y lleva un bañador del piojito la jartá de encogío.
Rogamos a sus familiares pasen a recogerlo"
Ya más calmao va nuestro amigo a un chiringuito,
a refrescarse con Valdepeñas y un pescaito.
El camarero le puso un vaso en technicolor,
lleno de pringue, de no arrimarle nunca el jabón.
Un cocacola con papas fritas se tomó el niño,
él solamente su pelotazo de vino tinto.
El de la barra le vio carita de guachisnay
y el julandrón le clavó trescientas cuarenta y sais.
Siguió rulando, buscando un precio más enrrollao,
y terminó casi sin un duro y medio tajao.
Y tropezando, se fue cantando desafinao.
Y aunque nadie le hizo caso
siguió sus pasos, con su canción:
"Los bares te dan sorpresas,
sorpresas te dan los bares.
El chiringuito que está en la esquina
pone una tortilla con gusto a sardina.
Los bares te dan sorpresas,
sorpresas te dan los bares".
Dicen que los picapica no se dejan ver,
y que no tienen cabezas, ni manos, ni pies.
Pero Romualdo al bañarse,
sin verlo acercarse sintió uno en los huevos,
y otro por la retaguardia
le puso la espalda como un Nazareno.
Dicen que los picapica no se dejan ver.
Paliun, paliun, paliun, paliun.
Muere.
Paliun, paliun, paliun, paliun.
Muere.
Ay, qué cosita más mala Romualdo sintió.
Oh, qué será, qué será,
que el agua de esta playa nunca está fría,
que tiene ese pestazo a cañería,
que siempre voy nadando entre porquería,
que tengo que enjuagarme hasta con lejía,
y me doy refregones con estropajo,
porque me salen hongos hasta en el plumero,
y tengo ya más manchas, se lo aseguro,
que un papel de churros.
Qué será, qué será,
que en la arena tampoco se puede parar
porque se ponen con las paletas a jugar
y te saltan un ojo.
Ohh qué será, qué será.
A partir de mañana no vuelve a pisar
Don Romualdo la playa.
A partir de mañana seguro que ya
no le quedan más ganas.
A partir de mañana no podrá olvidar
tan terrible cruzada.
A partir de mañana no se bañará
ni en una palangana.
Lo mismo que si fuera un náufrago
se fue de la playa arratrándose,
con un cabreo de órdago
y de sus castas acordándose.
Termina así nuestro héroe
su jornada cruel y ridícula,
todo lo que ha ido ocurriéndole
no se ve ni en las películas.
Y ya los Cruzados Mágicos
le ponen fin al capítulo,
recogen todos sus bártulos
y se despiden del público.
Qué me gustaría no ir mañana a trabajar
y no tener que dar excusas
para seguir contando las batallitas
que más me gustan.
Te digo adiós, esto se acabó.
Si no gustó, si eso, si eso
no gustó
Po ya me voy, po ya, po ya
ya me voy.
Con Don Simón, con Don, con Don
Don Simón.
Manteca colorá
Y ahora me iré, eeh, eeh,
a otro lugar, aah, aah,
para luchar, aah, aah.
con mi cruzada me voy a enrrollar.
Y volveré, eeh, eeh,
un año más, aah, aah,
que en Carnaval, aah, aah,
pa no venir me tienen que matar.
Lalalara, aah, aah, ...

5 comentarios:

Pernu dijo...

Espectacular primo. Enhorabuena.

Paco Rodríguez dijo...

Romulado era un tio geniál, yo he departido con el muchas de sus historietas en la tienda de ultramarinos que regentaba su hijo Romualdito en la plaza de Falla.

La historia del popurri es cierto que decía que era un hecho real, concretamente con su hijo Juanmi.

Y sobre los cruzados, ¿que mas se puede decir?

Jose Maria Barroso dijo...

Empiezo como lo hacía la presentación de de Antonio Martin diciendo: "Ay, qué no daría yo...." por esos ratitos que ha tenido el amigo Paco Rodríguez, qué envidia sana me das.

Saludos!!!!!!

Pernu dijo...

De envidia sana nada primo. Envidia mala y perra. Vaya pedazo de abuelo que sera en un futuro el amigo Paco. Que de historias para contar.

Un abrazo,
Pernu.

Ventolero dijo...

Cuando al fin conseguí en su momento el disco de la agrupación, me quedé quirraito... Ahora, al haberlos visto actuar en el video, me rindo más aún a sus pies. ¡De arte!

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